Testimonios – Dante en Polonia

EVS: apto sólo para valientes
Fundación Wiatrak, Verano del 2017

Después de pasar casi dos meses durante el verano de 2017 en la Fundación Wiatrak en Bydgoszcz (Polonia), me atrevería a decir que el EVS es una experiencia magnífica, pero también que no es apta para todo el mundo.

Solemos recurrir a la expresión “zona de confort” para expresar aquel escenario en el que nos sentimos acostumbrados a vivir. Nuestra habitación (nuestro espacio), nuestra cama, nuestra taza donde tomar ese café tan rico por la mañana, nuestros amigos y el barrio, los productos que solemos consumir, por supuesto nuestra familia y así una lista infinita.

Para simplemente pensar de irte de voluntariado europeo, uno tiene que admitir que todo eso no será igual o hasta quizá ni sea. Esto no lo digo en un sentido triste, lo digo en un sentido responsable como ex EVS que intenta motivar a futuros candidatos de cara a la experiencia europea. Una recomendación, si no te apetece descubrir tus límites, es mejor que no lo intentes y que te protejan los airbags del confort.

Sin duda, el voluntariado que propone el programa Erasmus+ es una oportunidad única en un sentido total. Es el sueño que todo joven tiene porque no hay nada mejor que desconectar en un país extranjero con jóvenes de otros países vecinos. Cabe recordar que el término desconectar tiene trampa ya que cuando se suele hablar de estos programas se olvida la parte esencial del mismo: el voluntariado, el programa y proyecto. Concretamente y en mi caso, el voluntariado europeo en el que formé parte constaba de actividades con niños tres veces a la semana mientras que los dos días restantes eran de preparación para dichas actividades (brainstorming, intercambio de opiniones, valoraciones). En total éramos 10 personas de países diversos: Portugal, España, Italia y Hungría.

Las actividades tenían lugar en parques públicos donde se acercaban pequeños y no tan pequeños a escuchar las presentaciones de nuestros países y a jugar con nosotros. Subrayo la dificultad doble de: tener la capacidad de preparar actividades para un público desconocido y asimismo, tener la virtud de ofrecer actividades transversales para todas las edades (uno nunca sabe el público que tendrá). El abundante tiempo libre permitía adentrarse en la otra parte del EVS, conocer la ciudad y hacer turismo por otras, ir a los bares o hasta practicar un escaso y malo polaco que sacaba más de una sonrisa a los autóctonos. Aunque debo decir que la actividad más divertida fue un partido de vóley contra un combinado femenino más que preparado que nos apalió en lo deportivo y en lo moral (aunque espero que algún día haya revancha).

Por lo general el voluntariado es una oportunidad increíble para conocer mundo, para conocerse a uno mismo y para conocer a otros. Es una oportunidad para aprender a ser más tolerante y entender realidades distintas. Las cosas no son así y ya, sino que siempre hay un trasfondo social o cultural, una explicación que todavía no tenemos pero que podemos descubrir. La diversión, el trabajo, la pasión o la sonrisa de los niños son recuerdos imborrables de un verano magnífico, de una habitación compartida, de unas coladas de resultado extraño, de unas comidas que me dieron a entender que encender el horno y poner la pizza no es cocinar, de el sentido real que tiene hacer la lista de la compra y sobre todo, de organizarte bien el tiempo para disfrutar de la breve e incompleta lista que acabo de dar.

Eso sí, aviso a navegantes, si vas a extrañar la paella en familia de los domingos, si vas a extrañar las comodidades de la colada y la comida hecha cada mediodía, si vas pensar lo mucho que te gustaba tu barrio pre-EVS, mejor que no lo intentes. La trampa está que todos nos pensamos que estamos preparados hasta que lo intentamos y yo, personalmente te invito a que te abroches el cinturón, que te cargues la mochila de valentía y que disfrutes de una experiencia única e inolvidable.