Manuel Mondéjar

Ciudad Real | Asociación Mille Cunti |

Manuel Mondéjar nos cuenta su experiencia en Rumanía con el Training Course ” The value of grassroots sport for education and youth”, financiado por el programa Erasmus+.

No fue como yo lo esperaba, fue mucho mejor.

Al ser mi primer viaje, lo planifiqué al milímetro, aunque poco después supe que lo que más importaba eran las ganas.
Al llegar de noche y cansado no me percaté de que estaba tan lejos de mi casa y en un entorno totalmente extraño para mí.

Matizo esto porque en España estamos más acostumbrados a la lengua inglesa que a la rumana, pero igualmente no sentí las grandes barreras del idioma, al fin y al cabo, son personas cuyo lenguaje verbal y las ganas de entenderte están por encima del idioma.

Los compañeros de proyecto tenían una buena energía para hacer amigos y vivir (para algunos) una experiencia única, la del primer viaje fuera de tu país.

La comida típica, los gestos y las actividades que se realizaban antes de cada sesión hacía que poco a poco fuéramos creando vínculos con unos y con otros.

Las actividades giraban en torno a la información de los Grassroots sports y cómo nosotros podríamos fomentar eso en nuestra nación y principalmente en nuestra ciudad.
Aprendes a valorar a los jóvenes, a potenciarlos y a como divertirnos juntos creando soluciones deportivas a muchos problemas.

Había personas de diferentes asociaciones, representando a colectivos interesantes. Particularmente me llamó la atención los dos compañeros de una asociación de Francia llamada las 4000 balas. Representaban a un colectivo en riesgo de exclusión social, incluso muchos tienen problemas con la ley y esta asociación mediante canciones, deportes, y otras actividades pues les hacían ser más empáticos con la sociedad.

Allí se movía un ambiente lúdico dentro de las actividades planificadas, y un alto interés por cambiar un sistema desde nuestro anonimato.

Aprendí que con el inglés se rompen muchas barreras, y que, aunque no lo pensaba, estos proyectos sí que cambian algo, que, aunque sea mínimo, que puede cambiarlo todo.

Fuimos a la piscina, a un polideportivo a practicar juegos, a ver arquitectura y un poco de historia y conocimos Iasi desde un punto que no habría imaginado, eso sí, siempre en equipo.

Con este viaje maduré y fui consciente de que España no lo es todo en el planeta, que nuestras costumbres son igual de mejorables que las de otros lugares que pensamos que no son igual de buenos y sinceramente crecí para mejor con esta experiencia.

Manuel